La asertividad como parte de la educación por la igualdad
Para vivir y estar mejor en nuestro mundo necesitamos hacer
de la asertividad una moda. ¿Qué es la asertividad? Es un estilo de
comunicación con el cual uno expresa sus ideas y sentimientos y se manifiesta
respetando en todo momento los sentimientos y las ideas de los demás. No
nacemos asertivos, sino aprendemos en la sociedad. Nacemos solo con la
capacidad de aprender. Para aprender a ser asertivos tenemos que desaprender o
cambiar ideas, actitudes, que uno ha visto en su familia y en su entorno.
Me ha llamado la atención una teoría que refleja la coexistencia de dos tipos de sexismo: el hostil y el benévolo. “El sexismo hostil es el tradicional que mantiene la idea de la inferioridad femenina. El benévolo, por su parte, muestra una actitud de respeto y protección hacia las mujeres, siempre que éstas se mantengan en sus roles tradicionales; este es perjudicial porque es encubierto y, por tanto, es difícil de identificar “(Aranda & Montes, 2012, Las princesas que juegan al futbol y los príncipes que saltan a la comba).
La educación es nuestra vía de salvación. Es nuestra
oportunidad para liberarnos de los estereotipos y tradiciones que guardan viva
la desigualdad entre hombres y mujeres. (Davis & Greenstein, 2009).
También me he preguntado si hay diferencias de asertividad entre las mujeres profesionales y las amas de casa. Un estudio realizado por Catarina Ixtahuacan Sololá de la Universidad Rafael Landívar de Quetzaltenango (2012) profundiza en el tema y las conclusiones son que sí, hay diferencias, pero son insignificantes a nivel estadístico.
Ama de casa es una profesión que no tiene remuneración y jubilación pero exige mucha responsabilidad con los hijos, quehaceres y gastos del hogar. Tal y como sabemos la posición en sociedad de las amas de casa ha sufrido una devaluación. Anteriormente las amas de casa poseían una buena posición social y nivel de cultura elevado tal que no tenían necesidad para trabajar fuera de casa y contribuir a la economía de la familia. Ahora es al revés. Las mujeres que trabajan fuera de casa tienen la imagen de mujeres autosuficientes, que aportan, que tienen poder. Mientras que las amas de casa, todo lo contrario, han perdido en fuerza, en posición.
Las amas de casa trabajan 16 o 18 horas al día para llevar
adelante el proyecto que es la familia. Ellas tienen que tomar decisiones,
administrar el capital de la familia y estar pendientes de todos los miembros de
la unidad familiar. Esto hace que sus habilidades sociales se desarrollen. Tienen que usar su asertividad para tratar con todos y poder ayudarles, mediar a veces
entre los miembros de la familia y cuando ellas mismas tienen que tratar con
cada uno. También se apoyan en las relaciones que tienen para sacar las familias adelante.
Y todo esto sin cobrar. Para aguantar todo emocionalmente
tiene que afrontar también sus propios pensamientos y emociones y encontrar la
satisfacción o la recompensa en los resultados de su trabajo. A veces se quedan en casa en contra de su voluntad, en contra de
sus aspiraciones. Actualmente están estigmatizadas por parte de la sociedad.
Las mujeres profesionales se hacen unas expertas en su
profesión y según el dominio en que trabajan, más asertivas o menos en función
de si es o no de cara al público, sin obviar la jornada que tienen que
desarrollar en casa.
¡Queda tanto por hacer en este mundo, para llegar a sentir
que nuestros derechos se respetan y que somos todos iguales! Para ello estamos
invitados a crear cada uno un pequeño mundo de igualdad allí donde estemos. Así,
los pequeños mundos crecerán porque los buenos hechos se contagian, y quizás en
un futuro no muy lejano, cubriremos nuestro planeta.
https://www.annualreviews.org/doi/abs/10.1146/annurev-soc-070308-115920
https://www.redalyc.org/jatsRepo/870/87050902005/html/index.html




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